La invasión de los ladrones de cuerpos

Esta mañana he escuchado en la radio como con un cierto desprecio se diseccionaba el panorama de las tribus urbanas. Qué ironía, resulta que por estos programas transita la peor tribu de todas: los tertulianos. Parece que llegados a una cierta edad nos debemos ajustar a un modelo de ciudadano estandar, como si estuvieramos en la inquietante película La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatchers; Don Siegel, 1956). Y así deberemos vivir, con los restos de nuestras vainas abandonadas bajo la cama o en el fondo de un armario, con la mirada perdida en el mismo objetivo que otros nos marcan. No nos olvidemos de dar gracias por ello.

Nota final.  De Invasión (The invasion; Oliver Hirschbiegel, 2008) puede extraerse la inquietante moraleja que justifica la realización de la última versión de la película mencionada anteriormente: los peores comportamientos son consustanciales a la naturaleza humana y hay que comprenderlos. Deberíamos de esta manera mostrarnos condescendientes con la invasión de Irak, de Afganistán o de la Isla de Perejil. En el fondo es mejor que ocurran estos pequeños sucesos que transformarnos en unidades sin sentimientos. En este maniqueismo radical se olvida que entre el blanco y el negro aparecen distintas tonalidades de gris y, lo más importante, que pueden coexistir.

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~ por administrador en 29 septiembre 2009.

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