El Secreto del Unicornio

•10 julio 2012 • Dejar un comentario

Estos pasados meses están siendo muy tintineros.  La asociación MilRayos publica en su revista de papel un artículo mío sobre la historia de la aparición de las aventuras de Tintín en prensa española desde el año 1957 al 1966 (http://milrayos.com/?p=642).

La verdad es que esta investigación ha sido una gozada, ya que me ha permitido contactar con varias personas vinculadas a medios como “3 amigos” o “La actualidad española”. Y no hay nada como sumergirse en los fondos de las bibliotecas, siempre se descubre algo nuevo sobre el mundo de Tintín y su publicación en España.

Un buen año

•20 marzo 2012 • Dejar un comentario

El pasado 10 de marzo se celebró el III Encuentro Tintinófilo de la asociación MilRayos. Allí estuve presentando la exposición que sobre La Isla Negra preparamos. Puede verse una extensa crónica del evento aquí: http://milrayos.com/?p=569; que contó con numerosa asistencia de público de todas las edades.

Desde aquí animo a todo el mundo que le guste el comic o el tebeo que se pase el año que viene por estas fechas por Madrid, merece mucho la pena y se pasa un rato muy entretenido.

Mujeres

•29 febrero 2012 • Dejar un comentario

Este mes la web Tebeosfera ha publicado un artículo preparado por Jordi Joan Gran Lapeña y yo sobre el apasionante universo de Hergé, Tintín y la mujer (http://www.tebeosfera.com/documentos/textos/herge_tintin_y_la_mujer.html).

Se trata de un análisis de cómo la vida de Hergé influyó sobre la aparición o no de la figura de la mujer en su obra y en ocncreto en las aventuras de Tintín. La verdad es que hemos recibido buenas críticas, pero aceptamos las de todo tipo.

Mira quién habla

•22 diciembre 2011 • Dejar un comentario

Un año con nosotros, toda una vida por delante.

Eva

•29 noviembre 2011 • Dejar un comentario

La revista Redes publicará otro relato mío. Llevaba mucho tiempo sin escribir y siempre es una pequeña alegría.

DE PADRES A HIJOS

Johannes se torció el tobillo aquella tarde, pero no le dolía tanto como haber perdido el partido. En el camino hacia la sala de urgencias no paraba de quejarse amargamente del resultado sin emitir ni un sonido de dolor, mientras sus padres, en la parte delantera, se intercambiaban miradas de complicidad al comprender que su hijo era un auténtico ganador. Al menos, pensaban, no era el típico niño quejica y llorón.

Su madre fue la que lo acompañó a la consulta del doctor, tras esperar unos minutos a que le atendieran en un lugar abarrotado de enfermos, más propenso a generar enfermedades que a curarlas. Una vez dentro Johannes tuvo que retirarse el vendaje y el hielo que le habían aplicado en el campo, para descubrir aquella herida de metal.

Los androides AS500 no tenían la capacidad de regenerar tejidos y debían de acudir a un médico como cualquier otro ser humano. A Johannes no le importaba pero a sus padres empezaba a molestarles, ya que se habían producido algunos altercados entre androides y humanos y aquel barrio se estaba volviendo ciertamente inseguro.

Su padre le dio un abrazo cuando salió con la pierna vendada y recibió con alivio las noticias de que estaría curado aquella misma tarde. Sin embargo algo comenzó a ir mal justo antes de salir de la clínica. Un humano había empujado sin darse cuenta a un androide en la ventanilla de información y una simple discusión se había convertido en una pelea que acabó con el cristal de la entrada roto al precipitarse los dos bravucones a través de él. Algunos trozos se clavaron en la cara de los padres de Johannes, que cayeron tumbados en la acera, y este observó que un líquido rojo bañaba sus mejillas. Alargó su mano para tocarlo, era cálido, y tras llevarlo a sus labios comprobó que tenía un sabor metálico y empalagoso. En el interior no eran tan distintos como creían, aunque sí mucho más vulnerables en su constitución. Comprobó que sus cuerpos comenzaban a perder calor y sin dudarlo dio aquel tema por zanjado. Tenía una vida por delante.

Corrió hacia una pareja que analizó como la mejor opción en aquel momento y los tomó como nuevos padres. Al fin y al cabo el amor no debe ser trivial, aunque se aseguró de morder las muñecas para comprobar que estos si le durarían más tiempo.

Ghost in the shell

•16 agosto 2011 • 1 comentario

Este relato lo escribí hace ya unos años, tiene apenas tres páginas y se ha editado en esta publicación: http://historiasdelahistoria.com/2011/08/12/numero-2-de-la-revista-entropia/

Se puede comprar en los quioscos y hay un premio anual al mejor relato elegido por los lectores.

Otro pasito más.

Lacombe Lucien

•9 junio 2011 • Dejar un comentario

Ayer se presentó en Madrid el libro del historiador Fernando Castillo Cáceres: “Tintín-Hergé. Una vida del S. XX”. El evento transcurrió de forma muy amena durante una hora con intervenciones de Luis Alberto de Cuenca, Juan Manuel Bonet y Francisco Javier Jiménez, este último editor de Fórcola Ediciones, responsable de la publicación el libro.

Puede leerse una crónica del evento aquí.

(Fotografía de José Luis Povo)

El libro, más allá de una revisión de las aventuras de Tintín, es un recorrido apasionante por los acontecimientos que marcaron el siglo XX. Se añaden a ellos, además, aquellas circunstancias personales que influyeron a Hergé en la creación de sus aventuras. De esta forma la realidad histórica y la vida del propio Hergé se reflejan en cada uno de los 24 títulos de Tintín y marcan a sus personajes, los lugares que visitan, las ciudades que recorren, los transportes que toman,… Todo ello es habílmente analizado por Fernando Castillo para ofrecernos una nueva aventura de Tintín, la de su evolución en el tiempo atendiendo a los cambios sociales, económicos, culturales y políticos que acontecieron en el pasado siglo y que son la base de nuestra sociedad actual.

No hace falta ser un fanático de la obra de Tintín para disfrutarlo, simplemente el deseo de pasar un rato agradable leyendo y, de paso, aprender un poco de historia, que nunca viene mal. 

Nota final: Tengo que agradecer al autor que nos citara a los miembros de la asociación tintinófila Mil Rayos tanto en el libro como en la presentación (donde coincidimos varios de nosotros). Mi labor como recopilador “isidoriano”, cómo amablemente me califica en el preámbulo, se debe al catálogo de las publicaciones en castellano de Tintín: www.catalogotintin.jimdo.com. Un trabajo que continúa creciendo, alimentado con comentarios del foro de Tintin.

Cuando el destino nos alcance

•5 mayo 2011 • Dejar un comentario

Hoy me llamaron de la Cadena SER para una final semanal del concurso de microrrelatos. Competía con otros dos, elegidos entre casi 1.000 relatos. El jurado fue determinante en el desempate final, pero lo peor ha sido relacionar al relato ganador con la película Cuando el destino nos alcance (Soylent green, 1973. Richard Fleischer), uno de mis títulos preferidos de ciencia-ficción. Bueno, al menos el participante y yo compartimos afición por el género macabro. Mi relato fue este:

La muerte en Benidorm

Este gordo ocupa mucho lugar, podría hacer que le golpearan, pero prefiero perdonarle la vida, como a la señora del perrito, tan feo como ella. Miro al otro lado de la calle y cruzo lentamente. Espero que hoy me dejen descansar en la playa. Es verano y el sol calienta el asfalto, noto el calor bajo las suelas de mis sandalias. He pasado por este lugar cientos de veces, pero hoy un camión no frena, me atraviesa y se empotra en el paseo marítimo. Ya está, hay días en que el trabajo se vuelve rutinario, tedioso. Esto no son vacaciones.

Amanece, que no es poco

•26 abril 2011 • 2 comentarios

 Me he llevado una sorpresa al ver que mi relatillo “Inspiración” va a ser publicado como seleccionado (no premiado) en el libro “Camino de la Lengua Castellana II”, correspondiente al concurso de relatos hiperbreves sobre esa ruta literaria que une varias ciudades de España. Este es mi relato:

Es temprano, pero ya se oyen los pasos de los primeros visitantes en el empedrado. Dejo que el sol bañe mi cara, que despierte mis ojos soñolientos en este frío amanecer y sintiendo su cálida caricia me acomodo en el banco. Tras mi despido, la ciudad se muestra distinta, más cercana, he aprendido a sentir su esencia en los pequeños detalles y lleno el vacío de cada día atravesando las calles de una infancia muy cercana y, a la vez, tan alejada en el tiempo… Hoy encuentro descanso frente a la casa donde nació Cervantes, allí alguien ha dejado olvidado un cuaderno sobre un banco. Miro a mi alrededor pero la calle está inexplicablemente desierta, lo tomo extrañado entre mis manos. Es del tamaño de un folio, encuadernado con anillas y sus tapas son de cartón negro, sin nombre comercial, parece recién comprado. Lo abro con gesto pausado, pienso que si el dueño aparece ahora de forma inesperada mientras curioseo puedo decirle que busco alguna seña personal para devolvérselo. Únicamente hay una palabra en la primera página, escrita con trazo irregular… De repente, en la ventana del primer piso de la casa una figura llama mi atención, me mira y sonríe, es solo el reflejo de un sueño olvidado que ha quedado atrapado entre sus paredes y se desvanece sin ni siquiera poder identificar su rostro. Sin apenas darme cuenta me encuentro sentado entre la multitud que ha aparecido de la nada y llena la calle. Una pareja se detiene frente a mí y me preguntan “¿Podría ayudarnos, por favor, acaba aquí el Camino de la Lengua?”. Mi contestación no les deja indiferentes “Puede que ese camino no tenga fin, puede que incluso para ustedes comience en este lugar, en este mismo instante”. Me alejo hacia un lugar más tranquilo con el cuaderno bajo el brazo repitiéndome que, al menos para mí, así ha sido.

El cabo del miedo

•7 abril 2011 • Dejar un comentario

Sigo participando regularmente en el concurso de microrrelatos sobre abogados, eso sí, con escaso éxito, pero me divierte el reto.

Marzo 2011

Irrumpió en la sala de malas formas, amenazando al juez y al fiscal con llevarlos a la hoguera. Los alguaciles lo echaron con peores modos, no paraba de gesticular, agitándose como una anguila. Iba a perder el pleito, aquel momento de histeria de mi abogado significaba el fin. Giré la cabeza lentamente, mirando a mi espalda, el banco que ocupaba mi marido estaba vacío, guardando el recuerdo de su presencia como un secreto. Me esperaban días duros, iba a echar de menos las jornadas de trabajo en la Comisión nacional. De repente oí una voz que me susurraba al oído: “Laura, despierta”. Retiré las gafas sorprendida. “¿Ya está?”, le contesté. “Te lo advertí, deberías haber elegido mejor en tu menú”, me recordó Jaime cargado de razón. En el despacho estábamos enganchados al juego virtual La clave del juicio. “¿Qué le hiciste a mi abogado?”. “Tu marido conocía a su mujer…”

Febrero 2011

Crucé las puertas de la sala del tribunal desconcertado. Mientras caminaba por el pasillo en dirección a la salida el fiscal puso la mano sobre mi hombro y me dijo con gesto alegre “Has visto, pan comido”. Le miré, a duras penas lo soportaba, quise abofetearle pero todavía quedaba un interrogatorio para que se acabara esta farsa. Esbocé una sonrisa que vi reflejada en un espejo y mi cara me recordó a una sardina, no me resultaba fácil fingir. Me despidió tras darme una palmada de ánimo en la espalda sin ni siquiera mirarme, saludando a otro colega. Miré al exterior desde el vestíbulo, no llovía, mejor, no había traído el paraguas.

Diciembre 2010

Anoté la dirección con indiferencia y durante unos segundos me quedé mirando los trazos del lápiz sobre el papel, impregnados de mi resignación. Había prometido asistir a la cita con la falsa sinceridad que se comienza a utilizar para afirmarse como adulto. Una campana sonó sobre la puerta cuando entré en el bar, me esperaba junto a la única columna que había en el local, con la mirada baja, como si le pesaran las lágrimas de tanto llorar. Recuerdo cuando de joven le llamaban “el mandarina”, no había cambiado desde entonces, ni siquiera ahora que ya era abogado. Su sonrisa al verme fue franca, la mía no. Habló contándome sus penas, tenía un niño, pero ahora estaba con su mujer, que se había marchado de casa tras años de soledad. Tengo que dejarlo, me suplicó. Te equivocaste de profesión, le contesté, ya es tarde para que te devuelva tu alma.